Palabras al vacio


Balbuceando sus rumores, están escupiendo historias que no se sostienen en relatos, idioteces que caen por que no resisten su propio peso, los puedo oír y caigo rendido ante la incipiente verdad que tiene su camino, no me resigno y comienzo todo de nuevo.
De repente me encuentro solo, solo pero encerrado, la puerta esta entornada y una brisa de aire congelado se cuela por la abertura, la siento y por un instante soy un recuerdo, soy mi recuerdo, estoy ahí ciego en la noche, caminando por un bosque, andando libre y aunque lastimado ando feliz, sigo preocupado en volver.
Pum!!!!, todo vuelve a ser como es, la puerta estalla en un solo grito de encierro, el aire esta viciado de vuelta y esas voces vuelven a vomitar su hipocresía sobre mi. Todo se regenera, cíclico y vergonzoso. Humillante, diría aquel que no solo respira para vivir.

Cofre


Aunque te pierdas de mis ojos
y no me alcance la vista para buscarte,
bien sabiendo que te escondes y no debo encontrarte,
y que corriendo no es la manera de alcanzarte.
Aunque te desprendas de mi mano
y ella se quiebre del espanto de alejarse.
Aunque mi destino sea incierto
y tu camino tan siniestro de bifurcarse,
justo cuando me incendiaste el alma,
que parece no querer apagarse.
Aunque mis lágrimas desborden mis cuencos
y no tengan tu mejilla para arrojarse,
y aunque mis palabras hagan eco en el vacío
por no tener tus oídos para embriagarte.
Aunque solo un ramo de sueños tengo para entregarte:
Aun conservo los besos que olvidaste,
que anhelan tus labios para posarse.

Laberinto


Un laberinto se abre ante mis ojos, baldosas que nos muestran el paso del tiempo, todavía puedo ver al amor esperando ese beso que nos robaron. Una luz titila incandescente y la noche enciende los corazones martirizados por un dolor que el agua no sabe limpiar y el tiempo no puede curar, los adoquines sobre los que camino no son una escalera al cielo y encuentro tu cara desdibujada como un cruel reflejo de mí.
Tu historia se esconde, el barro ensucia tu visión, estas ahí pero no puedo verte, camino para encontrarte, sin dirección me choco con un sueño que no quiso despertar, que quiere seguir soñando, es un fantasma que no quiere resignarse, despierto sobresaltado por el ruido y el olor a caucho quemado sofoca mi respiración, el metal cae estrepitosamente sin sentido, la luz roja ardiendo frena por un segundo la rutina y la idea de escapar se vuelve material, pronto aparece la luz verde que quema en un instante la rebeldía de escapar, suena el chillido irritante del timbre y cada ves falta menos para ser, una tarjeta, una hora, una silla, un robot, un esclavo...

Ucronía


Persistentes y puntuales relámpagos
presagian el clamor de los truenos
iluminando en un instante sereno
la infinita eternidad del desenfreno.
Los parpados apagan la noche
y pretenden perderse en la bruma,
las imágenes se vuelven derroche
de recuerdos inquietos a oscuras.
Su voz vuelve a nombrarme
fingiendo que este dolor es vano,
en un desconcertante escenario
veo su boca aferrada en mis manos.
Me pierdo, se pierde, olvidamos…
La realidad se ha vuelto cruel fantasía
inventando pretextos para recordarnos
y pariendo al soñarnos una utopía.

Manos


A veces pienso que podrá estar a la vuelta de la esquina, otras tantas puedo sentir su presencia a mi lado, logro imaginar su mano, y el encierro que seca mis lagrimas convierte mis ojos en pequeñas gotas de vidrio, vuelvo a imaginar su rostro al verme padeciendo, me sacude los pulmones con una bocanada de certezas y comienzo todo de nuevo. Así son mis lunas.
Dejo que la imaginación corte al viento, y vuelvo a imaginarlo con la llave en sus manos, golpeándolas, usándolas para la percusión perversa de aquello que existe en su propia libertad.
Las imágenes se repiten, los espejos rebotan una y otra vez como la tormenta que precede al huracán, como el rojo explota en el cielo cuando el sol surca el horizonte.
Proyección de la libertad, espejismo del encierro, prisioneros sin condena y fantasmas combatiendo el olvido, todos en la misma escena, todos en la esquina, y también (desde ahora y para siempre) todos en la palma de mi mano.

Cuando la voz se quiebra


Otra vez en la mierda (o en el barro).
Los pies ya cansados,
cansados de estar parados.
No hay ayuda, no hay camino.
La voz se quiebra en desatino.
No hay respuesta a esta desidia.
Que laberinto tan siniestro me pierde
sin importar si ya es de noche o aun hay día.
Tan difícil para todos, puedo entenderlos
ahora que mis ojos no los miran.
Ahora que es a mi al que miran
y son los tuyos mi única guía.
Cuanto se absorbe sin escurrir.
Tanto que es costumbre y natural.
La voz se quiebra al no discurrir.
Los huesos tiemblan y los parpados…
los parpados parpadean
para sostener lo insostenible,
para evitar lo inevitable.
Y ahí se derrama sin saber por que.
Se derrama desde tan adentro y no lo veo,
entonces todo arde y no lo entiendo.
Siento algo. Siento algo que asoma de tan lejos.
Tal vez un juego de engaños.
Un juego que empecé hace tantos años.
Si pudiera salir podría escucharme.
¿Podré alguna vez decir lo que quiero?
¿Podré alguna vez mostrar lo que siento?
¿Podré alguna vez no sentir este miedo?
¿Podré alguna vez demostrar que no miento?
Preguntas hechas hace tanto tiempo
y nadie supo explicarme lo que esta sucediendo.
Y me voy, y me pierdo,
y finjo una historia que no quería contar.
Mis dedos me engañan,
juro que no es esto lo que pretendo esbozar.
La voz se quiebra.

Corriendo sin pausa

Amaneció un día, sin certezas y con un letargo que le parecía eterno. Tropezó aquel día con la fosa de su destino, cayo rodando calle abajo, atormentado de sentido y pudo ver el sol ardiendo en sus pupilas.
Comenzó así un nuevo camino, triste su caminar y quebrada su espalda. Una vez mas el brazo se doblega, una vez mas cae de boca al piso, alza la mirada y se resigna, puede ver su propia sombra quebrada en dos por los inexpugnables rayos del sol ardiente.
Lo oigo hablar, otra vez su grito mudo. Si, otra vez. Lo veo y me quiebro, le pregunto el por qué de su inestable conciencia, mudo, atónito me mira y con una carcajada tiñe mi vergüenza. Grita, enloquece, llora y corre, intento seguirlo pero va muy rápido en su carrera, las calles siempre parecen ser las mismas, lo veo pero no logro alcanzarlo.
En un simple rugir del viento se nos escapó el sol, estábamos corriéndonos y ya no pude divisarlo, oscuro era el panorama, las calles angostas y la incertidumbre de no saber volver me inundo los ojos de lagrimas.
Me perdí aquella noche, y nunca mas pude encontrarme.