Ojos, bruma y sangre


La niebla comienza a tejer
su invisible ser,
y no nos dejara intentar de nuevo
aun llorando, al pantano lo tapara el hielo

Estas entre la bruma de la desidia
tus ojos inyectados de sangre
y tu risa diabólica,
tu mano sostiene un filo sin igual.

Tus ojos brillan en la soledad de la noche
y tu plan comienza a rodar
no tenès barreras, solo queres escapar y
con ese brillo esquivas los latidos del corazón.

Tus caprichos ofrecen un banquete
con sabor a derrota
tus victimas indefensas claman un ramo de perdón
y tus penas bañadas con lágrimas de sangre
surcan el río del olvido y la indiferencia.

Ya no quiero esperarte por siempre
un vagabundo errante seré
siempre pierdo todo por amarte
se acaba todo!!! alguna vez venceré!!!

Violento Despertar


.
Agota la monotonía incansable de un artista,
que se repite en un mismo baño, un mismo río.
La misma lluvia que desborda sus dulces mares
a veces se evapora con un sol que no es el mismo.
En un circulo perpetuo (unas anillas abiertas),
un camino cubierto por mantas de panes,
solo reitera un cuento que apenas recuerda
y que no dice nada de lo que ninguno sabe.
Sobre sus rodillas tambaleantes puede olerlo,
el cansancio que sudan sus testigos, ajenos,
puede sentir como irrumpe la peste del tedio
y caer sobre su espalda la fuerza del asedio.
Su destino amanece en la nube de un sueño,
en un empujón o un cachetazo violento,
que lo desvela con esa sonrisa amable
y encandila con el amor de esos ojos inciertos,
incondicionales…

Un minuto


.
Regalame al menos un minuto
(aunque sea un pequeño instante),
de estatuas y vientos quietos
de miradas y voces distantes.
Nunca supe que dice el silencio
que cree perderse en mis oídos,
un mar de medianoche en luna nueva
que en cada tormenta ruge aturdido.
Un sueño o un pestañear prolongado,
sumergirse en lo profundo del abismo,
allí donde el sol amanece embarrado
y donde siempre todo es lo mismo.
Un minuto! que el atardecer aguarde
y que los puños miserables no golpeen,
que la arena no caiga y las sentencias esperen.
Solo un minuto sin tiempo donde la realidad no encarcele.

Rio revuelto

Va silbando una melodía, en un laberinto de pasillos que conducen siempre al mismo lugar, tartamudo quiere gritar su canción para explicarnos lo que siente, silba, enmudece y se resigna, piensa, y vuelve a pisar el escalón con fuerza.
Todo se derrite cuando sus leyes son las que gobiernan. Por que sabe que la cárcel se construye con barrotes invisibles, tiene la certeza (y se lo repite) de que las rejas existen solo si creemos que existen (piensa), es ahí cuando él se da cuanta del poder de decidir, quiere, vuelve a dar un paso mas de la escalera que siempre va hacia arriba, vuelve a silbar y ahora canta una parte de su estrofa preferida, vuelve la vista y puede ver lo que sabe que no es real, lo ve y calla impertérrito ante la adversidad, escucha rumores, zumbidos, las voces que se acercan y todavía quedan mas escalones por subir, sigiloso sigue sus pasos, las paredes, los escalones de abajo, y los zumbidos ya cercanos y desgarradores, empiezan a convertirse en una especie de liquido viscoso que absorbe lo que encuentra a su paso.
Le gana la intriga, busca entre tanto tráfico de sensaciones y quiere conocer desde donde se avecina la avalancha, gira la cabeza con su cuerpo mas liviano, asoma para ver, quiere reflejarse en el charco inmundo por la viscosidad y puede ver como cientos de manos que aun ahogàndose no le piden ayuda, parece que no quieren escapar del río turbulento que los fagocita, ríe impiadoso, piensa, fija su mirada, da un paso más y silba...